miércoles, 22 de noviembre de 2017

No hay rosa sin espina…

No hay rosa sin espina…

Teníamos elaborado el abordaje, la metodología  y las actividades que íbamos a realizar, sí, íbamos porque como bien lo dice el título del apartado, no hay rosa sin espina, pues desde la Fase 2 ya se manifestaban los inconvenientes. Para grabar requeríamos, además de la cámara, un oficio con las especificaciones técnicas de la grabación, por lo que primero teníamos que elaborar un guión. Además de que se nos solicitó no grabar los rostros de los estudiantes ni de lo docentes ya que esto requería otros trámites, y a pesar de de nuestra alma rebelde, lo entendimos y ahí le dejamos. Tomamos nuestro mototransporte de dos llantas  y llegamos a la facultad, redefinimos el plan de abordaje y quedó de la siguiente manera: 

     Buscar información sobre la inclusión y la sordera.
     Hacer grabaciones de voz, durante una pequeña entrevista a realizar a los niños, luego juntar el material y analizarlo.
     Elaborar un registro fotográfico que muestre la inclusión como problematización dentro del centro.
     Plantear la manera en que el problema pueda ser abordado desde la antropología y la sociología, y finalmente,
     Presentar conclusiones.

En la primera visita que tuvimos ya con el plan estructurado, tomamos nuestro teléfonos celulares, esperamos la entrada y nos dispusimos a tomar la primera foto de evidencia, pero no pudimos, había muchas bicicletas y tráfico, así  que dos peatones tomando selfies estorbaban en esa callecita llena de automóviles, hasta camiones transitan por ahí, padres desesperados porque sus hijos entraran puntuales a la escuela.

Nos fuimos del lado del estacionamiento y allí libres de la algarabía decidimos tomar las primeras evidencias.

Entramos a la escuela, esperamos el receso mientras observábamos cómo estaba distribuida la escuela, tomamos algunas fotografías a discreción porque aún no teníamos permiso.

Soltaron a niños, se dispersaron por el patio y nosotros buscábamos un primer entrevistado. Como era de suponerse nos veían extraño, obviamente estábamos muy altos para ser compañeros y muy jóvenes para ser maestros, por lo que decidimos sonreirles a quienes nos miraran, con el objetivo de parecer simpáticos y agradables, pero no lo conseguimos. Si nos acercábamos, algunos grupos pequeños al vernos se levantaba y se marchaban.

Ese primer receso no logramos mucho, más bien, nada logramos. salimos por la puerta de atrás donde todos estacionan sus bicicletas.

En la siguiente visita, decidimos volver a intentar buscar un distraído que pudiera platicar con nosotros, así que decidimos buscar a los tímidos y aislados y nos quedamos del lado por donde salimos la visita anterior, la del fracaso, pues la vez pasada al salir por allí nos dimos cuenta de que había vestigios de niño allí, pudimos identificar hoyos en la tierra y servilletas de sandwich, así como restos de torta de huevo.

Permanecimos allí hasta esperar la hora del receso. A lo lejos se oía el gritadero, ahí vienen, nos dijimos, preparamos nuestras armas del reportaje y nos sentamos a esperar junto al montón de bicicletas, alguno tendría que llegar allí. Y así fue, sin embargo comenzamos a notar que muchos se asomaban para vernos, dedujimos que pensaban que queríamos sus bicis, terminamos retirándonos de allí.

Para el tercer intento decidimos mejor buscar a los niños con las discapacidades, esta vez nos ganó la hora de receso, pues tuvimos que pasar a reportarnos a la oficina. Buscamos a la pequeña identificada, era del sexto grado grupo C. Ya éramos conocidos y nos habían perdido el miedo. Buscábamos a nuestra entrevistada, sin embargo nos abordaron primero unas niñas de su grupo y nos preguntaron que a quién buscábamos, así que al ver que nos rebasaban en número tuvimos que confesarlo, buscábamos a  X.  Nos dijeron que a veces jugaba por diferentes partes del patio, no tenía una zona preferida. No nos quedó más remedio que sentarnos en las gradas a buscarla y lugo terminó el receso.


A lo lejos veíamos cómo entraban a su salón, no la encontramos, ¡ella nos encontró!, pues las niñas nos señalaban desde el balcón a las gradas, y no nos quedó más alternativa que saludar. X se notaba asustada y con la cabeza negó conocernos, de hecho tres veces nos negó. Regresamos a la oficina, rendimos cuentas, más bien, rendimos cuentas de lo que imaginamos que vimos y partimos. Al salir fue un caos nuevamente, era la salida de preescolar y el camino estaba hecho un caos.

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